"Solo nosotros debemos luchar por comprender como la cultura controla lo que sucede dentro de nuestras cabezas".
Marvin Harris (Introducción a la Antropología General.)


“Según parece, nadie más eficaz que otra persona tanto para insuflar vida a un mundo propio como para marchitar con una mirada o un gesto, una observación... la realidad que nos rodea”

Erving Goffman


“Nacimos en un mundo en el que nos aguarda la alineación. Somos hombres en potencia, pero nos hallamos en estado de alineación y este estado no es simplemente natural. Para que la alineación sea nuestro destino actual, se requiere una violencia atroz, perpetrada por seres humanos contra seres humanos”

Ronald Laing


La experiencia psicoterapéutica comienza en un despacho donde aparentemente hay sólo dos personas pero en realidad está muy poblado, los acompañan todos los personajes significativos de la historia del paciente. La experiencia psicoterapéutica llega a su fin cuando en el despacho hay sólo dos personas.

Alejandro Rodríguez Vilardebó

sábado, 7 de junio de 2008

La razón única

Cuando yo nací, el castellano ya estaba allí. También estaban mis padres, estaba también una abuela, el Río de la Plata, Montevideo,... también estaba el Hospicio y muchas otras cosas más. De esas cosas que estaban y seguirán estando, algunas han cambiado en forma radical. Pero son las que no afectan lo esencial.

Supongo que como todos, fui incorporando lo que ya estaba, igual a como se incorpora el lenguaje (¿o debo decir “igual a como cada uno es incorporado al lenguaje?”), o sea poco a poco, sin darme demasiada cuenta de lo que iba sucediendo.

En mi caso particular, algunas de “las cosas que ya estaban allí” me llamaron la atención -como el Hospicio- pero debo reconocer que no fue más que por una cuestión de coincidencias y de nombres. Y me interesé por saber, aunque en un principio solo supe lo que querían que supiera, para saber algo más cercano a la verdad tuvieron que pasar unos cuantos años y unas cuantas cosas.

Voy a hacer una pequeña disgresión, hubo un psiquiatra nacido en una colonia europea más precisamente una colonia francesa en América, de piel negra él, que por circunstancias de su tiempo luchó por la liberación de Francia durante la ocupación nazi y luego se quedó en Paris becado para estudiar medicina y psiquiatría. Fue recién entonces que descubrió “poco a poco” que se habían incorporado en él la ideología del colonizador, el racismo, la xenofobia, la singular asociación de “la negritud” con el mal;... y también el inconsciente deseo de -al estilo Michael Jackson- ser blanco “y -en su caso- además Francés”; también descubrió que en él todo esto había tenido un vehículo: la lengua del colonizador.

Tal parece que tuvo que estar metido en el ojo del huracán para vivir en carne y en mente propia lo que esto significaba. Cuando “las cosas” están allí desde antes de que uno nace, ¿tiene que suceder algo especial en uno o en el entorno para poder darse cuenta?. Hubo un largo tiempo en que a mí me resultaba difícil decir o pensar que todos tenemos la posibilidad de cuestionar la cultura en que vivimos, de ser críticos. Luego entendí que esa era una manera de excusar a quienes estando cerca de mí no lo habían hecho. ¿Cuánto tarda uno en incorporar o ser incorporado por una lengua?, ¿cinco, diez, quince años?. ¿Cuánto tardamos en liberarnos de todo lo que esa lengua trae acoplado?,... yo todavía sigo intentándolo, y descubriendo cajas de Pandora dentro de mí.

Por ejemplo, la formación médica tiene clase, no sólo porque socialmente el médico tiene “Clase”, sino porque según el origen y las condiciones de cada cual, se podrá acceder a determinados lugares: cursos; seminarios; escuelas; asociaciones; “masters”;... y todo eso “tiene clases”. En este sentido, debo reconocer que afortunadamente no tuve la presión de pertenecer a ese sector social que, si bien otorga grandes beneficios y claves de acceso a muchas de esas cosas, exige un precio tan alto que suele incluir la renuncia a ser o pensar por uno mismo. Quienes proviniendo de clases altas han logrado esa liberación tienen un doble mérito, por eso son figuras especialmente queribles. En ellos “todo lo que estaba antes de que nacieran” también se incorpora poco a poco, sutilmente,... quizás para que no nos demos cuenta. Si se hicieran de otra manera más brusca, no sería lo mismo. Digamos por ejemplo, si se quisiera instalar abierta y públicamente un “Auschwitz” de sopetón, en un Barrio de Buenos Aires o de Barcelona (por decir dos lugares),... seguramente muchos nos horrorizaríamos y saltaríamos como cafres protestando y haciendo cosas para que tal horror no se instale. Pero ¿qué nos pasaría si un Auschwitz así ya hubiera existido abierta y públicamente en Buenos Aires o en Barcelona desde mucho antes de que todos naciéramos?, ¿yo reaccionaría igual?, ¿sería capaz de ver en ello un horror?, o simplemente ¿sería capaz de verlo?, o por el contrario ¿lo habría ido incorporando poco a poco,... con el lenguaje o como parte del paisaje?

Son tantas las preguntas que me hago. Me pregunto por ejemplo ¿cuánta distancia en metros o en kilómetros tiene que haber entre un horror y mi propia persona para que me afecte?. Porque desgraciadamente y mal que me pese, aunque no es en la esquina de mi casa, Auschwitzs hay, u horrores hay. ¿qué es la Base de Guantánamo sino un horror?. Un horror que desgraciada o afortunadamente no está en la esquina de nuestra casa, y posiblemente sólo por esa razón no lo tenemos incorporado como parte del paisaje cotidiano.

Hace poco paseaba por un país latinoamericano y de pronto por confundir un camino comarcal me topé con lo que era un plan de erradicación de asentamientos de miseria. Lo que vi me impresionó, eran barracones al estilo de los campos de prisioneros que todos hemos visto en películas de la segunda guerra mundial. El horror era que también habían copiado la cerca alambrada con espinos, el barrio tenía un solo portón de entrada vigilado por policías.

El problema es que hay pequeños Auschwitz (quizás no debería usar este nombre tan fuerte),... hay esperpentos de cada día que están entre nosotros desde siempre y quizás... hemos ido incorporando poco a poco como parte del paisaje cotidiano.

Jorge tiene 42 años, desde los 16 años (¡¡...!!) está encerrado en un Psiquiátrico. Los últimos cuatro años los ha pasado encerrado en una habitación sin compartir nada de lo cotidiano con otros internos. El motivo de su aislamiento inicialmente fue una agresión. Una tarde de hace cuatro años atrás estaban varios internos en un salón viendo TV y por vaya a saber que discrepancias, Jorge y otro como él, se enredaron en una discusión que terminó con una silla partida en la cabeza del otro. El que tenía la silla en su mano era Jorge, quien fue inmediatamente separado del resto y posiblemente “ese día” para evitar otros enfrentamientos quedó en su habitación. Pero quedó allí una semana, un mes, un año,... ¡cuatro años!.

En una de las plantas del Psiquiátrico hay cerca de 30 pacientes. Las condiciones de infraestructura son aceptables, podríamos decir que son buenas, tienen habitaciones individuales o de a dos en dos. Entre esos 30 hay seis que no salen de la habitaciones, cinco de ellos están “contenidos” físicamente -esto no es más que un eufemismo para no decir que están estaqueados- , algunos de ellos llevan así más de una semana a pesar de que hay protocolos para la “contención” que establecen que deberá usarse solo en casos excepcionales y cuando no haya más “remedio”, por el menor tiempo posible y para evitar males mayores, luego de haber utilizado la palabra y la “contención farmacológica”.

En una asamblea -que de paso sea dicho como a tantas otras cosas que se despojan de contenido, a esas “reuniones”, de asamblea sólo le quedaba el nombre- al comenzar a ser nuevamente asambleas, surge con enorme energía el tema del sexo (¿podía haber salido de otra manera?). En las prisiones, los reclusos tienen autorizadas visitas íntimas y suele haber para ello habitaciones especiales donde, de mes en mes, pueden estar bis a bis con su pareja. Los enfermos psiquiátricos que han estado en penitenciarías (vaya nombre infantilizador), saben y hacen saber que esas cosas existen y que ellos están privados de ellas (en los dos sentidos y en las dos direcciones de esta frase). En la asamblea, el derecho a la sexualidad primero es una tímida pregunta, luego un pedido de algunos, más tarde una queja generalizada. Están allí por cualquier cosa menos por tontos. La sexualidad clandestina, rápida, sin alternativas de elección no satisface prácticamente a ninguno. No pasará de ser una asamblea-recuerdo en la que se habló de algo que nunca se hablaba. Nunca tendrán bis a bis en el psiquiátrico.

Las “actividades de la vida diaria” en la que se pretende “instruir” a los internos poco tiene que ver con las actividades de la vida diaria de los que están afuera. Si llegaran a aprender esas cosas, no tendrían nada que ver con “la vida diaria de extramuros”. Aunque el mundo esté muy desquiciado (tranquilos: lo estaba antes de que nosotros llegáramos), afuera tenemos al menos la ilusión de ser dueños de nuestro tiempo y de nuestro espacio. Dentro del Hospicio todo está cronometrado: levantarse; asearse; fumar (en un espacio prefijado); desayunar; “asamblea” -si la hay-, laborterapia; etcétera... casi no hay tiempo ni espacio en que ninguno pueda decir ni decidir nada por sí ni para sí y si lo dijese... no sería escuchado.

Todo esto y evidentemente mucho más no dice nada nuevo, ¿por qué lo traigo?,... ¿para qué?

En los Psiquiátricos como en cualquier otra institución no solo concurre gente o hay gente ingresada, también hay -y es imprescindible para su funcionamiento- personal que lo hace funcionar. Es como cuando vemos una máquina funcionando (no reitero esta palabra por accidente), en algún momento tenemos que preguntarnos: ¿y esto cómo funciona,... y con qué funciona?. Pues un Hospicio funciona además de con dinero, con personal médico y con personal no médico.

Uno como médico puede plantearse un trato respetuoso, una intención que tenga que ver con la posible cura, el desempeño de su tarea de la mejor manera posible y (de nuevo: “muchas cosas más”), lo que no puede hacer es plantearse todo eso desconociendo la ideología de la Institución; uno, como médico, no puede permitirse el lujo de ser utilizado por la institución para dejar -en los internos o en las visitas- la falsa imagen de que “todo depende de las personas que te toquen”. Eso no es más que una falsedad porque cuando se intenta trabajar para la posible cura, generalmente hay que hacerlo con la oposición de la institución. El problema no es que si un interno tiene mala suerte “le toca” un mal profesional, lo que tenemos que preguntarnos es si el asunto no es que la institución es ideológicamente mala para la posible cura de los internados, y no solo tenemos que hacernos esa pregunta los que estamos dentro de los hospitales, tenemos que preguntarnos si el hecho de que el Hospicio estuviera “allí” antes de que yo naciera es razón suficiente (parece que “razón única”) para seguir existiendo y funcionar de la manera en que funciona.

Jorge no le partió una silla en la cabeza a un compañero porque no fuera un ser humano razonable, ese es el argumento del dominador, el argumento del opresor, el argumento del maltratador,... “esa gente no tiene cura”. Jorge le partió una silla en la cabeza a un compañero porque ya no soportaba más la violencia de que era objeto, y cuando no se aguanta más, la respuesta sale por cualquier lado -más fácilmente por aquel lado al que “otro la dirige”-.

Se me ocurre relacionar esto con dos fragmentos breves.

(1) de “Piel negra máscaras blancas” (escrito en 1952 el autor tenía 27 años, era Franz Fanón, el psiquiatra nacido en una colonia francesa de quien hablaba antes): “Mientras el colono o el policía tienen derecho, a cualquier hora del día, a golpear al nativo, insultarlo y hacerlo arrastrarse ante ellos, Ud. verá al nativo sacar su puñal en respuesta a la más ligera mirada hostil o agresiva que le dirija otro nativo; pues el último recurso del nativo es defender su personalidad frente a su hermano.. Así, la autodestrucción colectiva en una forma muy concreta es uno de los medios por los cuales se libera la tensión muscular del nativo. Todos estos patrones de conducta son una reacción reflexiva de muerte ante el peligro, un comportamiento suicida que demuestra al colono (cuya existencia y dominio se justifican aún más a raíz de los mismos) que estos hombres no son seres humanos razonables.”

(2) de una Asistente Social de EEUU: “Como trabajadora social en una escuela pública “Yo dedico mucho tiempo a prevenir que los conflictos verbales se conviertan en peleas, discutir la situación con los jóvenes después de una pelea, y escuchar a los jóvenes mientras se explayan y se desahogan conmigo al contarme acerca de sus peleas del fin de semana. En discusiones con colegas progresistas, hemos notado la relevancia de las ideas de Fanón con respecto a la situación de los estudiantes. Últimamente, les he empezado a preguntar, suponiendo que tengo una relación de suficiente confianza con el estudiante, "¿Por qué estás tan dispuesto (o dispuesta) a pelearte con tu hermano o hermana negro/a? ¿Podría ser porque no sabes cómo desafiar la estructura de poder racista que tiene a ambos sujetados, haciendo que se desquiten uno con otro? ¿Y que realmente creas en la mierda que dicen los racistas blancos acerca de Uds., que sus vidas no valen nada?" A veces esto rompe el ciclo de la auto-justificación — “Yo no quería pelearme, pero él me seguía mirando feo, así que tuve que hacer algo” — y los lleva a analizar su propio comportamiento. El concepto de la autodestrucción colectiva puede ayudarnos a comprender y combatir una variedad de prácticas dentro de una comunidad oprimida que son destructoras para la comunidad en su totalidad, al igual que para el individuo, tales como uso de drogas, venta de drogas, y peleas”.

Los dos párrafos tienen que ver con los enfrentamientos entre sometidos (nativos colonizados o niños negros en la América blanca) lo mismo que en los ejemplos de Hospitales, la violencia, el enfrentamiento de Jorge con el otro interno (casualmente “la silla en la cabeza”). En los dos fragmentos aparece ese tipo de enfrentamientos como un logro manipulativo que entre otras “ventajas” evita que los sometidos se enfrenten al sometedor (al enfrentarse entre ellos); esto en el primero aparece como un tiro por elevación o por medio de la irónica interpretación de la mente colonizadora.

Cada profesión, cada ocupación, cada lugar en la sociedad tiene un perfil pre-establecido, es como se “supone” que debe ser. Así se espera (se exige) que sea un abogado, un panadero, un policía, un administrativo,... asá se exige que sea un médico. Todo esto aunque no se explicite se transmite y es necesario para que las cosas y el mundo funcionen como funcionan. Con esto tiene que ver “el modelo médico”. Desde un lugar crítico, lo deseable es que cada uno tenga consciente qué es lo que se espera de él y también saber que es una imposición para que “las cosas funcionen”, luego sí así lo quiere, lo convalide o si quiere desde un pensamiento crítico,... haga otra cosa. Si un médico no tiene claro cual es el modelo médico lo llevará a los actos sin darse cuenta, lo estará convalidando sin ninguna reflexión pero con toda la responsabilidad (aunque sea por omisión). Por curiosidad he preguntado tanto a residentes como a médicos con años de profesión ¿cómo crees que es el modelo médico en nuestra sociedad?,... sin comentarios acerca de las respuestas, imaginen las que quieran o hagan la prueba.

Todos cometemos errores, algunos sienten sus errores como una lacra, como un peso que cargan a sus espaldas. Eso es parte de lo transmitido por la cultura culpabilizante en la que vivimos. Al mencionar la palabra “culpa” no pude evitar recordar a los Tupí Guaraníes del Sur de Brasil. Ellos creen que hay una tierra sin pecados ni culpas y la buscan incesantemente, así cambian sus asentamientos con mucha frecuencia, son nómadas que buscan vivir sin culpas, quiero imaginar que probablemente en cada mudanza dejen atrás la idea de “un” pecado y que al final conseguirán encontrar la vida que desean.

Quizás podríamos aprender de la vida salvaje. Dicen que el guepardo es el animal más veloz corriendo, dicen también que en sus correrías de caza logra alcanzar los 120 kilómetros por hora. Pero también he escuchado que tiene poca resistencia y si el animal que intenta cazar para alimentarse hace las adecuadas y afortunadas curvas y esquives en su huida, el guepardo fracasa, se cansa y abandona. Consecuencia: el guepardo fracasa, falla, se equivoca o comete errores 19 de cada 20 veces que intenta cazar. Luego de cada fracaso o error, no se pone a llorar con un miembro delantero (brazo) apoyado en una piedra y el rostro escondido de vergüenza, simplemente busca donde recuperar el aliento mientras con aguda mirada va eligiendo su próximo objetivo. Podríamos pensar que “él” tiene la suerte de no haber crecido en una cultura del éxito sino en la salvaje cultura de: “el fracaso es lo más posible” y gracias a eso su vida es menos atormentada (al menos psíquicamente).

Más que los errores creo que una lacra son las renuncias. Pero antes y mucho más importantes que las renuncias personales son las renuncias del grupo, de la tribu, de la sociedad. La peor de todas es la renuncia de cuidar de sí misma, o cuidar a sus integrantes. Si en un grupo chico en una tribu chica, se renunciara a cuidar al grupo o a uno del grupo, creo que todos lo sabrían, se haría evidente y denunciante per se. En la tribu todos saben que dependen unos de los otros, que se necesitan, saben que dejarían de Ser sin los otros. Hemos crecido tanto como tribu que esa renuncia ni siquiera la vemos y no sólo pasa eso, sino que además de haber renunciado como grupo a cuidar de los miembros de la tribu,... desde donde se debería cuidar muchas veces se maltrata. Esta es la ideología de las instituciones y tal parece que si no media una reflexión, para ella se trabaja.

Lo de la silla en la cabeza me ha hecho pensar en los referentes que sin haber nombrado se han ido encadenando en mi mente para estas reflexiones: Foucault; Goffman; Fanón; Deleuzze;... hace poco me decían que este tipo de planteos hay que “sustentarlos” con aportes teóricos. No lo creo, tenemos que aprender a hablar con un lenguaje claro y llano... para todos y el principal sustento no va a estar dado por una extensa bibliografía, este tipo de reflexiones y de preguntas aunque queden sin respuestas hay que plantearlas y sustentarlas con el solo relato de los hechos y en todo caso y como mucho aporte de “sustentos”... con la explicación de que hasta en fisiología de la visión se conoce lo que sucede cuando se “satura” o se “agota” un receptor -como es la retina de nuestros ojos-,... lo que sucede es que dejamos de ver.

Para que podamos ver de manera continua tenemos que estar moviendo imperceptiblemente los ojos, ir cambiando los “receptores”, evitar que se saturen, se quemen, o se agoten. Como esas lagartijas que para andar o pararse en la ardiente arena del desierto van turnando en forma cruzada las patas en las que apoyan.

Si ciertas cosas “son como son” porque siempre han sido así, o las dejamos de ver o nunca las hemos visto porque formaban parte del paisaje ya que es cierto que “estaban antes que llegáramos”, habrá que abrirse a escuchar la voz de quienes tienen otra mirada, porque para ellos el paisaje que nos rodea es diferente y ellos pueden llegar a ver lo que nosotros ya no vemos.

Colofón:

Poesía del mes en una página crítica de internet

Telephone Booth Number 905

Woke up this morning
feeling excellent!
Picked up the telephone
dialed the number
Of my equal opportunity
employer to inform him
I will not be in
to work today!
Are you feeling sick?
the Boss asked me,
" No Sir I replied,
I am feeling too good
to report to work today!
If I feel sick tomorrow
I will come in early."

Alejandro Rodríguez Vilardebó

domingo, 11 de mayo de 2008

"Los Hijos Del Sol"

o "Reflexiones sobre la ética de la nobleza"

Dr. Alejandro R. Vilardebó


Los jefes supremos de Hawai, los emperadores del antiguo Perú, de la China y el Japón, así como los faraones de Egipto, se decían todos, de manera independiente, descendientes directos del Sol, dios creador del universo. Por eso he titulado a este trabajo: "Los hijos del Sol"

Ulises y el resto de los personajes homéricos son "Los primeros Señores de la Guerra" al menos en la literatura occidental.



El pensamiento "registrado" y por lo tanto histórico que comienza a dar forma a los cimientos de la llamada cultura occidental[2], son los escritos homéricos. En ellos se hace exaltación y casi un culto a lo que podríamos llamar "la ética de la nobleza", la cual despojada de todos los envoltorios y máscaras que dificultan ver su verdadero rostro, es la ética de la muerte, de la guerra, del saqueo y de la opresión. En los siglos que siguieron, con los aportes de la tragedia (que es lo que llegaba a más gente), especialmente con Esquilo; con Sófocles y con Eurípides, quedó planteada una confrontación ideológica entre: (1) la ideología dominante (homérica) y otras dos posiciones ideológicas: (2) Una que podría considerarse "reformista" (Esquilo y Sófocles) y (3) una propuesta más radicalizada (representada por Eurípides).

A lo largo de la historia, lo que se ha ido repitiendo cíclicamente es la aniquilación o el vaciamiento de contenidos de todo lo que no se sometiera a la ética o a la ideología oficial (homérica). Los dos recursos sobre los que para este trabajo he centrado la atención son: (a) las palabras (como determinantes de lo pensable) y (b) la estética de la nobleza, como un reforzamiento en lo cotidiano de la ética dominante. La propuesta es intentar des-cubrir cuanto de esa ética y de esa época , aún hoy sobrevive en nuestras mentes y en nuestras costumbres y porqué.

Una anécdota de cómo surgió esta propuesta, quizás sea interesante porque puso de manifiesto la implicación y la negación como fenómenos (tal vez cotidianos).

Dejo que el título (o nombre) del encuentro funcione como disparador. Comienzo a asociar (como haría cualquiera): Odisea; Homero; Ilíada. Ulises; héroe, guerrero; Joice (el Ulises que nunca terminé); viajero o quizás "Arquetipo del viajero". Más recientemente: "La mirada de Ulises". Muy en mi adolescencia,...¡el descubrimiento!, ¡Varios Ulises!. Esquilo, Sófocles, Eurípides. Y ahora al asociar y recordar: un nuevo descubrimiento. En mi mente, en mi memoria se había producido el mismo fenómeno que aparentemente se repetía a lo largo de la historia y de la cultura desde hace al menos 2.500 años, un Ulises (el heroico; el divino; el noble y venerable) se había impuesto como único registro y aniquilaba a los otros Ulises hasta hacerlos desaparecer. La crueldad del personaje; el saqueo abusador; la trampa; la estafa; las promesas incumplidas, la palabra quebrantada[3], no existían, habían ido a parar a algún sitio del olvido. Lo establecido estaba salvado.

Decía Borges: "Cultura es lo que me queda de lo que aprendí". Quizás tengamos que considerar "lo que nos permiten que quede". Lo pensable está signado por pequeños, casi imperceptibles niveles de manipulación relacionados con ese estado de extrema necesidad con que nace el ser humano y que lo hace objeto de sometimiento (al menos en nuestra cultura, y desde Homero a esta parte).

Pero ¿que cosa es "lo pensable"? o ¿a que me estoy refiriendo?; o mejor aún: ¿qué es lo impensable?

El lenguaje, el vocabulario instituido[4] y aceptado sin revisión crítica establece un camino de lo pensable, la coerción y el amedrentamiento en sus distintas formas se han ocupado del resto. Como cuando se aprende a conducir un coche, lenta y mecánicamente se van incorporando los movimientos hasta que no hace falta pensarlos más, así desde pequeños se nos incorporan distinto términos que no pasan (ni deben pasar) ningún filtro de reflexión y que establecen un camino de lo que es pensable.

Cuando años atrás se leía "La Ilíada" o "La Odisea" en el secundario, no leíamos un texto recortado o trucado, salvo por la traición de la traducción, leíamos a Homero. Y sin embargo ya en esas primeras lecturas, el Ulises (como paradigma o como arquetipo), el Ulises que quedaba, era el heroico, "el divino Ulises" al decir del texto. La divinidad atribuida tanto a Odiseo como a otros "héroes", sutilmente proponía la intocabilidad e incuestionabilidad del personaje.

Uno (uno mismo) ya había nacido en una cultura, ya había sido "adoctrinado" y "culturizado". Las divinidades no se cuestionan, por más que expresen contradicciones o absurdos, uno llevaba inscripto el mensaje y estaba prohibido negarlo y negársele. El atributo asignado por razón de linaje ("Divino") era: por un lado legitimador de cualquier barbaridad y por otro lado una especie de "fuero parlamentario" que lo hacía ininmputable. Pero todo esto no se podía pensar en el momento de aquellas lecturas. Sin embargo, algo sucedió cuando a las lecturas homéricas se agregó un poco de Esquilo, de Sófocles y de Eurípides. Los héroes no eran vistos siempre desde el mismo "ángulo".

Homero, haya existido o no, era el creador o el relator de mitos fundacionales de la cultura occidental. En sus escritos, la ligazón de sangre o la protección que los dioses proporcionaban a los personajes (todos nobles), legitimaban sus actos y para ratificar su categoría sólo los que pertenecían a su clase se podían permitir enfrentar a los dioses casi de igual a igual, o cuestionar a un par. En su poética están descriptos como y quienes son los héroes:

"En verdad que nunca tuve una ración igual a la tuya al llegar el reparto del botín en el saqueo de cualquier populosa ciudad troyana, (...) y cuando llega la hora de las distribuciones, la mejor parte es siempre para ti. (...) Y ya no me propongo conquistar para ti botines ni riquezas, puesto que me ultrajas." (Aquiles a Agamenón - "La Ilíada")

Esquilo y luego Sófocles aportaban una visión algo diferente al tema de la guerra, de la autoridad y de la nobleza. Era una visión que cuestionaba pero al final justificaba, algo así como un "reformismo" desde la literatura.

Eurípides aparecía como una voz diferente, parecía representar a los excluidos y estaba decididamente en contra de la guerra.

Esquilo y Sófocles le daban la palabra a guardias, a gente común, se podía dialogar con la nobleza. Los reyes tenían disputas de pareja. Eran casi como nosotros, pero en el fondo, siempre se establecía una línea que los diferenciaba y de alguna manera seguían intocables para el resto de los mortales. Pero solo los dioses pueden castigar sus crímenes.

Decimos una especie de reformismo porque los nobles en Esquilo y en Sófocles son cuestionados, pero la prerrogativa de castigarlos es exclusividad divina.

"Anhelo ver a mi rey de regreso a su casa y estrechar su mano entre las mías" (palabras de un guardia en "Agamenón").

El guardia sabe que está hablando de un asesino que mató a un hermano para heredar un reino, y a pesar de lo que sabe, desea besar o estrechar su mano. ¿Qué significa?, ¿Qué es tan vil como su amo? ¿o que no le está permitido pensar ni sentir otra cosa?. ¿Qué es lo que el texto propone a la audiencia?.

Ese guardia, sabe que Agamenón no tuvo reparos en cuanto a la muerte de su hija; sabe que era un "Señor de la guerra" (saqueador de ciudades). Quizás por eso y para tranquilizar lo que el guardia (y el público) sabe, será luego asesinado por su mujer complotada con su amante (Egisto: otro hermano de Agamenón) quienes luego serán muertos por Orestes a quien por fin castigarán los dioses. Esta trayectoria, en realidad es la saga propuesta entre unos y otros autores que posiblemente no fueron haciendo otra cosa que adaptar la ideología a los cambios políticos de la época.

"Al cabo de un tiempo esta empresa alcanzará el fin que se propone; la ciudad de Príamo será tomada y sus riquezas pasarán a manos de los saqueadores." (...) "que al final triunfe la buena fortuna" (el mismo guardia del Agamenón de Esquilo)

"¡Ojalá la avaricia no derrote a nuestro ejercito, ni nuestros soldados deseen lo que no es lícito codiciar! Que recuerden que para volver a sus hogares sanos y salvos aún les falta la mitad de la jornada. Porque si pecan contra los dioses puede suceder que, a su regreso, la sangre de los vencidos se levante contra ellos". (dice Clitemnestra: Agamenón).

Coro (Esquilo: Agamenón):

"En cada casa donde un heleno salió para la guerra (...) cada cual recuerda muy bien al que despidió, y sabe que volverá al hogar, en vez de un hombre será una urna con cenizas. (...) Es grave por demás que un pueblo ultrajado dicte sentencia, porque la maldición popular es una deuda que tarde o temprano se paga. (...) Prefiero la dicha que nadie envidia. Y que jamás llegue yo a convertirme en destructor de ciudades, ni sea jamás esclavo sujeto a la voluntad de otro."

"La impiedad engendra numerosos descendientes, pero todos de su raza."(...) pero la justicia resplandece en la casa llena de humo del pobre y premia una vida honesta y prudente. La justicia aparta la vista de las columnas que cubrió de oro una mano ensangrentada, y se dirige a la honesta morada del rico. Jamás rinde culto al poder del rico reconocidamente infame. Siempre otorga a todos el fin que se merecen."

Estos discursos recuerdan mucho a "las bienaventuranzas". Es más una sugerencia de que "las masas" o el pueblo se aparten de las luchas de poder, y de las guerras (cosas de ricos y de nobles) aunque luego sean arrastrados a ellas ya por un salario o ya por falsas argumentaciones. Es como decir: "bienaventurados los pobres y honestos que no cuestionan a sus amos, ni a los nobles ni a los patrones". Propone una manera de vivir y de pensar. Es como decir pero obviamente no lo dice. No puede decirlo.

Eurípides va más lejos. Es claramente antibelicista, es la voz de los sin voz. Se alza contra estamentos fundacionales del Estado. La guerra, el ejercito, y los privilegios son cuestionados, los nobles ya no son tan respetables; los seres humanos todos son considerados iguales y las distinciones de clase no son más que arbitrariedades para justificar el abuso y la opresión, con él entra en escena la imputabilidad para todos por igual. Seguramente por ello, ya en su tiempo Eurípides sufrió exclusiones. Si bien el público del teatro era mucho más democrático que los estratos sociales que gobernaban la polis, la selección de las piezas teatrales y la distribución de premios competía por entero a los ciudadanos ricos, quienes obviamente cuidaron muy bien que sus intereses no fueran maltratados ante un público más amplio que su círculo de poder. En esas condiciones, no debe extrañar que Eurípides fuera escasamente seleccionado y menos premiado (habiendo escrito más de noventa obras, solo recibió el primer premio en cuatro oportunidades); denostado por el público y terminara marchándose de su ciudad mitad exilado, mitad por su propia voluntad.

Con Esquilo (o Sófocles) es cierto que aparece una voz en alguna medida cuestionadora de la "ética de la nobleza" y de la infamia o la impiedad, pero hay que poder entender a quien está dirigida y con que finalidad. Por otra parte, los "remates", las palabras finales de las obras, terminan poniendo sobre el tapete del lado de quien estaban estos autores. En palabras de Arnold Hauser: "Los poetas y filósofos, no sienten simpatías ni por la burguesía rica, ni por la burguesía pobre; apoyan a la nobleza."

Egisto (en Agamenón): "Los hombres cuerdos y prudentes respetan siempre y en cualquier lugar a los que mandan." (¿no suena como otra bienaventuranza?)

Clitemnestra : No te dejes llevar por esos ladridos vanos. Egisto, tu y yo somos los amos de este palacio, y lo pondremos en orden." (ambos discursos son como un mandato social justo en el remate de una obra)

La lectura de estos fragmentos no tiene más finalidad que poder reflexionar juntos sobre las descripciones que se hacen de los personajes y como han sido incorporados en nuestras mentes.

Tanto la poética homérica como buena parte de la tragedia griega está en relación con la guerra o con la posguerra quizás por la forma en que también la guerra ha estado en relación fundacional con la existencia de los Estados.

Dice Marvin Harris en "Nuestra especie": "Si no hubiera sido por la guerra, el potencial de control latente en la semilla de la redistribución nunca hubiera llegado a fructificar".

Era cierto, estaba interdicto cuestionar los dogmas, las divinidades y lo ya dado, sin embargo, gracias a las lecturas casi simultáneas, en un tiempo pude pensar y ahora recorda, como decía antes:... "en mi adolescencia,...¡el descubrimiento!, ¡Varios Ulises!. Sin embargo, ese descubrimiento no duró demasiado, la trasgresión de lo prohibido de alguna manera fue censurada y por mucho tiempo, sólo recordé a un Ulises.

Los cuestionamientos y las trasgresiones son tolerados hasta cierto punto, el límite es que no dañen los privilegios instalados o el consenso obtenido. Esto era aplicable tanto para los personajes como para los lectores.

De alguna manera en el imaginario social, sólo quedó un Ulises (representante de "una ética", "la ética de la nobleza", la ética de la clase dominante) y además con la condición de que ese Ulises de la Ilíada y la Odisea no fuera demasiado revisado.

Y hablamos de Odiseo u Odisea, no aquí, en todas partes, sin poder ponernos a reflexionar cuánto está determinado acerca de lo que podemos pensar (y lo impensable). Quizás esto me haya pasado sólo a mí. Pero sospecho que es algo compartido y la propuesta hoy es reflexionar sobre esto.

En los mitos y leyendas griegas están los elementos básicos constitutivos de las tragedias de Shakespeare y el modelo de los Estados occidentales[5] y de la política. La semilla sembrada, la raíz que encontramos al releer los clásicos no son más que las "dignas bases" de la democracia[6] que no hemos terminado de entender, son las bases del saqueo, la rapiña, el abuso, el engaño y el despotismo, que para sostenerse tuvo que crear argumentos místico-religiosos y linajes divinos (luego sustituidos por otro tipo de legados: políticos o mafiosos), y además sostenerlos con determinadas condiciones acordes a cada tiempo y a cada contexto.

Desde los tiempos homéricos y hasta nuestros días, dos formas singulares han cumplido una función especial de transmisión y reforzamiento de la ética que nos ocupa: (a) las palabras y (b) la estética.

(a) Las palabras reforzadoras son todas aquellas que identifican lo "noble" con lo bueno, con lo respetable, con la autoridad legítima; con el correcto proceder. Es interesante como todo un vocabulario que hace permanente referencia a la nobleza y a la guerra, está instalado de manera aparentemente inocente en "otros" terrenos del lenguaje predeterminando eventuales formas de pensar.

(Diccionario Encicl. Salvat) Noble: del lat. Nobilis, contracc. De noscibilis, de noscere = conocer. // Preclaro, ilustre; generoso; Honroso; estimable. Como contrapuesto a deshonrado y vil.

Más allá de la descripción del diccionario (que no es cosa despreciable), pensemos en los usos habituales de términos vinculados a la nobleza: "Persona noble"; "materiales nobles"; "metales nobles"; "Gases nobles"; "corte" (de justicia); "Suprema corte"; "hacer la corte"; "cortejar"; "Dama"; caballero"; "snob" (con su interesante y muy burguesa transformación[7]); "nobleza obliga"; "lo cortés no quita lo valiente"; "reglas de cortesía"; yerba "Nobleza Gaucha";... ¿cuánto está instalado, instituido en nuestras mentes como reivindicación de la nobleza? Y en el fondo de ese modelo que no cesa de repetirse aunque hayan cambiado las vías de legado (para ser incluido en el "círculo selecto, ya no es necesario comprobar un linaje). ¿Cuanto de lo que es transmitido por esas expresiones hacen a la continuidad del modelo y a una aceptación implícita de él?

"La exclusión del hombre común del proceso electoral -no votaba ni era votado- le prohibía cualquier ingerencia en los destinos de la comunidad; habría de surgir entonces una clase privilegiada que gobernase la comunidad municipal. Esta era la clase de los llamados "hombres buenos", con "sus nombres escritos en los libros de la nobleza, que tenían las cámaras". (Paulo Freire)

(b)"La estética de la nobleza". Ya en Homero encontramos abundante material que informa acerca de una estética que diferencia a los nobles del resto de la humanidad. Además de las reiteradísimas referencia a las ricas vestimentas de los príncipes y sus valiosas armaduras, Penélope no reconoce a su marido cuando está sucio y vestido con harapos, es necesario que lleve puesta una túnica de rey y que esté bañado y perfumado con aceites para que a su mujer no le queden dudas de quien se trata. La estética de la Grecia clásica, no sólo marca una diferencia enaltecedora de los nobles, sino que vuelve a emparentarlos con los dioses.

Las esculturas de los atletas olímpicos eran como las de las deidades y representaban el ideal anatómico. Los campeones, no podían aspirar a que sus rostros (solamente la cara) fuera reproducida en un cuerpo de divinidad salvo que ganara tres veces consecutivas una prueba olímpica. Este "sello" de jerarquía continúa vigente hasta nuestros días. Los burgueses de la revolución francesa no hicieron otra cosa que copiar los cánones de la aristocracia que acababan de derrocar. Hoy día, las marcas (de ropas); la calidad de las telas; los perfumes; una determinada manera de vestir incluso para una entrevista de trabajo parecería asegurar las "nobles cualidades del postulante". La industria de la moda, se ocupa muy bien de mantener estas diferencias. Un paciente vinculado a la industria relataba en una oportunidad que la diferencia de costos entre producir un jean de marca y uno "pirulo", era inexistente. La diferencia básica estaba en los moldes utilizados, y la única finalidad era diferenciar aquellos que se iba a vender más caros y por lo tanto establecer una diferencia de clase en los consumidores. "(...) Las nacientes élites capitalistas no pretendían destruir a los aristócratas, sino unirse a ellos, y para esto no tenían más remedio que imitar los cánones de consumo aristocráticos" (nuevamente Marvin Harris).

Lo escrito hasta aquí, a mí me sugiere varias líneas de reflexión, como ser:

1) Las voces - Las ideologías (Homero - Esquilo - Eurípides)

2) Las palabras: "El método" (para establecer lo pensable) en nuestras mentes. Desde allí: el vocabulario médico que determina al establecer una manera de pensar y de hacer.

3) Ética y estética de "la nobleza". (sus alcances en nuestras mentes)

4) La creación de una nueva ética.

Quizás para un encuentro breve (como es este) sería interesante limitarnos a uno de los puntos propuesto y compartir por ejemplo alguna reflexión sobre las cuestiones del lenguaje y lo pensable.

Dr. Alejandro Rodríguez Vilardebó - abril 2002



[1] En Homero, (particularmente en La Ilíada, no hay ningún personaje (con discurso) que no sea "noble".

[2] No está de más recordar que occidental significa: "Muerto por violencia"

[3] Todos atributos compartidos a tal punto por "los nobles" Homéricos que Arnold Hauser y otros han llamado a su conducta característica: "La ética de la nobleza".

[4] Los alcances del culto a lo bélico por medio del lenguaje serán parte de la exposición.

[5] Quizás no esté de más señalar que Occidente significa : "Muerto por violencia". En otros tiempos era más habitual leer en los periódicos "el occiso" o sea el muerto violentamente.

[6] ¿O sí?

[7] En los padrones poblacionales Británicos, hasta finales del siglo XIX se registraba: el nombre, la ocupación y la categoría social, para generalizar -diferenciando- a quienes no eran de origen o estirpe noble se escribía : sine nobilitat que luego por contracción se registraba: S. Nob. De allí snob.(en dicc.: dicese de la persona que por admiración necia, o por darse tono acoge sin reflexión toda clase de ideas, novedades o costumbres de moda.)

La CIE-10
'Dilución Infinitesimal'

Autor: Dr. Alejandro Rodríguez Vilardebó


Una mujer de 32 años tiene intención de quitarse la vida. Busca en el botiquín de su baño y se toma cuantas pastillas puede encontrar. Un familiar llega, la encuentra en el suelo, “interpreta” la situación como puede y en treinta minutos la mujer está siendo atendida en la guardia de un Hospital Público. A poco de llegar, le han puesto una sonda nasogástrica y han comenzado las maniobras de rescate con el lavado. Pasadas unas horas, el médico que la atiende va a completar el registro de la atención en el libro de guardia. Ya había escrito el nombre; el apellido; la edad; el domicilio; y al llegar al espacio para escribir el diagnóstico lo había dejado en blanco para completarlo más tarde. Tenía 52 opciones diferentes facilitadas por el CIE 10 (Clasificación Internacional de Enfermedades - enmienda 10ª) para registrar un mismo hecho. Pasadas unas horas, está frente al libro, piensa unos minutos y escribe: “Envenenamiento autoinfligido por drogas no especificadas”, que para el CIE corresponde al código X64.-
El empleado administrativo que recoge los datos para vigilancia epidemiológica levanta el registro y escribe: “Envenenamiento. Drogas no especificadas”.

María Rosa tiene 45 años. Está internada en una cama de guardia de un hospital Público. Está a la espera de una derivación institucional. En la Historia Clínica se lee: 'Motivo principal de Internación: Heridas cortantes'.
'2º motivo de internación: Sobredosis medicamentosa'.
Veo a la paciente y encuentro que efectivamente tiene heridas cortantes, en ambas muñecas, en el cuello (cara derecha); tiene también una herida punzocortante en el esternón; y una herida cortante en el labio. María Rosa habla, lo que explota en sus palabras es que hace seis meses venía pensando en el suicidio. Habla de las ideas y circunstancias previas. Desde 1995 quedó sin trabajo (por la recesión económica y reestructuración de personal). Era contadora de una entidad bancaria. Cuando la despidieron se deprimió. Sobrellevó la depresión durante dos o tres años dando clases de matemáticas. En los últimos seis meses la única idea que volvía y volvía a su cabeza era: Quitarse la vida. Hace dos días se tomó 40 comprimidos de clonazepam (0,5 mg) y 30 comprimidos de 6 mg. de bromazepam. Se cortó ambas muñecas y el cuello. Intentó clavarse un cuchillo de cocina en el tórax. Con el efecto de los comprimidos ingeridos se cae de la silla donde estaba sentada y se corta el labio. Queda inconsciente hasta que la encuentran. En la Historia Clínica nadie había escrito: 'Intento de suicidio'.
Estos casos son literales (no literarios). Tampoco son extraordinarios. Son comunes o frecuentes en guardias de Hospital.

Esos “Intentos de suicidio” para la epidemiología no han existido. Parece ser que los únicos casos que no dejan lugar a dudas -y por lo tanto 'existen'- es cuando se escribe solamente “Intento de suicidio' y nada más que “Intento de suicidio”.

Seguramente hay cientos de casos como estos cada año y en cada Hospital Público de Latinoamérica o del mundo. La posibilidad de registrar de 52 maneras diferentes un acto, centrando la atención en 'el método' y no en lo esencial que estaría dado por la intención, no hace más que distraer y diluir un fenómeno social ya de por sí conflictivo y complicado por la intersección de intereses políticos que esconde y aleja la posibilidad de conocer algo más sobre un tema que parece estar compartiendo el primer lugar en las causas de muerte entre los 15 y los 35 años, así como encontrarse entre las diez primeras causas de los 35 años en adelante.
A las formas posibles de registro diluyentes facilitadas por 52 categorías que podrían ser sub-items de una sola, hay que agregarle todos los eufemismos de evitación que se suelen encontrar en los libros de guardia y en las historias clínicas. La realidad es que muchos diagnósticos que se escriben no son tales, sino simple enumeración de síntomas y no pocas veces encontramos que se anota lo que se considera 'el síntoma principal', con lo cual la dilución de los hechos que nos ocupan se hace infinitesimal y de rastreo más que engorroso. Así como detrás de una 'hipersomnia' atendida en guardia puede haber un intento de suicidio, también lo puede haber detrás de muchas heridas cortantes; estados estuporosos; comas; sobredosis medicamentosas; etc...
Luego decimos (o decíamos) cosas tales como: 'los escandinavos se suicidan más que nosotros', o 'la falta de luz y los inviernos prolongados así como las necesidades básicas satisfechas y una vida ociosa o sin motivaciones están en relación con una mayor incidencia de suicidios'; me pregunto: ¿cómo podemos afirmar cosas así, o tomarlas en serio cuando por otro lado sabemos que cerca del 80 % de los países miembros de la ONU no aportan información, o que la información que se aporta está tan lejos de la dimensión de los hechos; o que hay más suicidios en la temporada estival o que el aumento de suicidios está en relación con el deterioro económico y/o la pérdida de empleo , y con la soledad?.

Esta presentación es una propuesta, o una doble propuesta, por un lado pensar juntos y por otro lado hacer juntos. Está basada en observaciones de realidades asistenciales; en lectura de registros que luego pasan a informes epidemiológicos y las formas muy sutiles en que se diluye y se pierde, y de la cual 'políticamente' no se quiere hablar.
La finalidad es muy puntual, casi 'administrativa': facilitar que el tema que nos ocupa, como tema médico y social, emerja de la oscuridad en la que está recluído, con una dimensión más próxima a la realidad, y establecer claramente la no complicidad médica con fenómenos ligados al sufrimiento y la muerte.

El intento de suicidio, sea consumado o no; ya sea considerado en forma individual o de manera social; como acontecimiento existe, eso está fuera de duda y de discusión . Lo que nos mueve a realizar el presente trabajo son algunas de las dificultades existentes (por ejemplo una multiplicidad de categorías para un mismo hecho) que dificultan el conocimiento de la dimensión social del problema.


En World Health Statistics Annual de 1989, sólo 39 de los 166 miembros de las Naciones Unidas reportaron datos de mortalidad por suicidio. La estimación 'oficial' dice que puede llegar al 200 % los casos no registrados. Un sondeo realizado por el autor de este trabajo en un Hospital Público arrojó un estimado de subregistros que podría encontrarse dentro del rango que va entre el 1.400 al 2.900 %. En un estudio realizado por la Dra. Rossana Lucero (de la R. O. Del Uruguay), y sus posteriores investigaciones (actualmente en desarrollo), comparte el primer lugar (junto con accidentes de tránsito) como causa de muerte en la franja de población de entre 15 y 35 años.

La Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE – 10) de la OMS presenta:
1) Lesiones autoinfligidas intencionalmente (diagnósticos X60 a X84). Incluye : - Envenenamiento o lesión autoinfligida Suicidio (Intento de ). Son 25 categorías diagnósticas. No es un item y 25 sub-items .
2) Eventos con Intención no determinada (Diagnósticos Y10 a Y34). Son otras 25 categorías más.
3) Diagnóstico Y87 del CIE-10: Secuelas de lesiones autoinfligidas intencionalmente, agresiones y eventos de intención no determinada.
4) Diagnóstico Z91.5: Historia personal de lasión autoinfligida intencionalmente. (autoenvenenamiento - Intento de suicidio - Parasuicidio).

Ya sumamos 52 diagnósticos diferentes. Esto es importante, porque cuando se hacen los rankings de diagnósticos en cualquier dependencia de Salud Pública, se toma cada diagnóstico por separado.

En algunos Hospitales, en el “Ranking” de diagnósticos de internación, la primera de las “fracciones” en que se dividen eufemísticamente estos hechos, aparece en el lugar 140 un poco distanciado de su realidad, cuando hay estimaciones que lo posicionan entre los 10 primeros diagnósticos.

No es necesario un análisis muy detallado para darse cuenta que a los fines epidemiológicos, el acercamiento a la verdadera dimensión de este fenómeno, no está facilitado.

Me reitero, la intención de este trabajo es rescatar de las sombras a un fenómeno social cuya verdadera dimensión permanece oculta y que solo será atendible y entendible en la medida en que se lo “des-cubra”.

Las propuestas decíamos antes son: reflexionar juntos y en cuanto al hacer, podría considerarse la creación de una comisión Ad Hoc, y que la APSA luego de elaborar una clasificación menos “diluyente” la eleve a la Asociación Internacional de Psiquiatría y a la OMS.

Dr. Alejandro Rodríguez Vilardebó
Especialista en Psiquiatría
M.N. 68.904 27 de marzo de 2002

LA PROPUESTA DE JUAN:

VAMOS A ECUALIZARNOS

Fines de Septiembre de 1986

Hospital Neuropsiquiatrico “J.T.Borda” - Buenos Aires - Argentina

DR. ALEJANDRO R. VILARDEBÓ

Los pasillos, consultorios y oficinas próximos a la guardia están alterados. Ninguna actividad se logra desarrollar normal­mente. Un gran alboroto proveniente de la sala de guardia con su puer­ta entreabierta focaliza la atención.

Cuando estoy por franquear la puerta un joven médi­co y un enfermero, salen presurosos y agitados a buscar a “los bomberos"[1] anunciándolo a viva voz: "Hay que traer a los bomberos". Uno de e­llos le da indicaciones al otro.

Dentro de la sala, Juan, quien tiene entre 35 y 40 años y ha sido traído por sus familiares, está sentado y grita su dis­curso como una arenga, con fuerza y agresividad. Algunos podrían decir que entre sus frases hay ideas delirantes.

En la sala hay más de 6 personas, Juan es el único que está sentado, se encuentra frente a una mesa vacía que hace las ve­ces de escritorio. Si bien todos lo oyen, nadie lo escucha. Una vez en la sala, me dirijo al médico que parece estar a cargo y le ofrezco mi colaboraci6n para atender al "paciente” la cual es aceptada.

Invito a Juan a pasar a un pequeño consultorio que hay dentro de la guardia, él camina tenso, sigue excitado.

Ya dentro del consultorio y a puerta cerrada comienzo a hacer un ejercicio respiratorio y la digo a Juan que haga lo mismo que yo. A los pocos minutos, la excitación comienza a ceder y le insinúo la alternativa del diálogo. Es entonces cuando Juan dice:

- "Mirá hermano, antes de hablar, vamos a "ECUALIZARNOS”.

- ¿Cómo es eso?.

- Hay tres niveles, arriba, al medio y abajo, Vos como persona ¿Dónde te ponés?

Mi respuesta debe ser rápida. No hay tiempo para reflexionar. Juan está esperando. Pienso: si le digo “arriba” no voy a ser fiel a la verdad ya que no es desde arriba que yo me acerqué a él y por otra parte me pondría en un lugar fácilmente cuestionable, el "arriba' es un referente del poder, si le digo “abajo” le doy una doble oportunidad de dejarme en un lugar de sometimiento.

- En el medio (contesto yo).

- Bien, ahora podemos hablar, estamos de igual a igual (dice Juan estrechándome la mano).

Intentamos el diálogo. Juan habla de su mujer; de su trabajo; de que lo han jodido; vuelve hablar de su mujer. Le pregunto donde está y me dice que ella lo trajo; sugiero que veamos de hablar los tres juntos y la hago pasar al pequeño consultorio.

La mujer habla, dice que Juan está mal, que dice cosas que no se entienden, que está agresivo. Ella tiene que trabajar y le da miedo dejar a los hijos chicos con Juan. Pide que lo internen. Juan intenta explicar lo que pasa.

La puerta del pequeño consultorio se abre bruscamente y dos policías-bomberos vienen a cumplir su "función", "contener" al paciente excitado. Les pido que se retiren y no vuelvan a entrar si no los llamo. Intento retomar el diálogo pero Juan a vuelto a excitarse. La irrupción de los bomberos rompió el clima que habíamos construido.

Intentamos los mismos pasos. Respiración profunda, un ámbito aparentemente protegido, pero los tres sabemos que ya no es igual y Juan se calma un poco paro no es como antes.

Nuevamente abren la puerta y entra un médico con un enfermero y una jeringa cargada. Se lo medica y lo internarán. El médico a cargo de la guardia me pide que acompañe a Juan hasta la sala donde será internado. Para ello hay que recorrer un largo pasillo de 40 a 50 metros.

Un enfermero va adelante abriendo con un “llavín” puertas que no tienen picaporte. Lo sigue el médico más joven y detrás vamos Juan y yo.

A los pocos metros de recorrido siento taconear detrás nuestro, giro y veo que vamos siendo "custodiados" por dos bomberos. Me detengo, Juan se detiene conmigo. Dirigiéndome a los guardias les indico que vuelvan hacia atrás, que su "custodia" no es necesaria. Cuando veo que regresan renaudamos el camino. Al llegar al final del pasillo vemos la sala con la puerta abierta y la cama que va a ocupar Juan. El joven médico, preocupado al no ver a los "custodios" pregunta alarmado por su ausencia diciendo que el paciente es "peligroso", que puede matar a alguien. Al explicarle mi intervención con los guardias se espanta y sale corriendo. Regresa con su jefe y por supuesto con los bomberos. Juan está sentado en su cama. Se ha quitado los zapatos, las medias y los pantalones. Está protestando. El médico a cargo me agradece la colaboración prestada, me pi­de los deje actuar "como es habitual".

Podría haber discutido y logrado que dejen a Juan tran­quilo unos minutos, quizás unas horas más; pero sabía que en el correr del día, Juan volvería a ser atendido "como es habitual".

Cuando me retiro, Juan queda en su cama "custodiado" por dos expertos.

Este no es un trabajo teórico-clínico, tampoco es una reflexión epistemológica ni un análisis crítico de las Instituciones. Con este relato anecdótico de un hecho, solo pretendo rescatar una propuesta formulada por un paciente. La propuesta que hace Juan cuando dice: "antes de hablar vamos a "ECUALIZARNOS”.

¿Vos donde te ponés?



[1] Los policías-bomberos son un "Servicio” contratado como guardias para "regular” la circulación de los pacientes y son utilizados para dar “CONTENCIÓN” a los mismos.