LA PROPUESTA DE JUAN:
VAMOS A ECUALIZARNOS
Fines de Septiembre de 1986
Hospital Neuropsiquiatrico “J.T.Borda” - Buenos Aires - Argentina
DR. ALEJANDRO R. VILARDEBÓ
Los pasillos, consultorios y oficinas próximos a la guardia están alterados. Ninguna actividad se logra desarrollar normalmente. Un gran alboroto proveniente de la sala de guardia con su puerta entreabierta focaliza la atención.
Cuando estoy por franquear la puerta un joven médico y un enfermero, salen presurosos y agitados a buscar a “los bomberos"[1] anunciándolo a viva voz: "Hay que traer a los bomberos". Uno de ellos le da indicaciones al otro.
Dentro de la sala, Juan, quien tiene entre 35 y 40 años y ha sido traído por sus familiares, está sentado y grita su discurso como una arenga, con fuerza y agresividad. Algunos podrían decir que entre sus frases hay ideas delirantes.
En la sala hay más de 6 personas, Juan es el único que está sentado, se encuentra frente a una mesa vacía que hace las veces de escritorio. Si bien todos lo oyen, nadie lo escucha. Una vez en la sala, me dirijo al médico que parece estar a cargo y le ofrezco mi colaboraci6n para atender al "paciente” la cual es aceptada.
Invito a Juan a pasar a un pequeño consultorio que hay dentro de la guardia, él camina tenso, sigue excitado.
Ya dentro del consultorio y a puerta cerrada comienzo a hacer un ejercicio respiratorio y la digo a Juan que haga lo mismo que yo. A los pocos minutos, la excitación comienza a ceder y le insinúo la alternativa del diálogo. Es entonces cuando Juan dice:
- "Mirá hermano, antes de hablar, vamos a "ECUALIZARNOS”.
- ¿Cómo es eso?.
- Hay tres niveles, arriba, al medio y abajo, Vos como persona ¿Dónde te ponés?
Mi respuesta debe ser rápida. No hay tiempo para reflexionar. Juan está esperando. Pienso: si le digo “arriba” no voy a ser fiel a la verdad ya que no es desde arriba que yo me acerqué a él y por otra parte me pondría en un lugar fácilmente cuestionable, el "arriba' es un referente del poder, si le digo “abajo” le doy una doble oportunidad de dejarme en un lugar de sometimiento.
- En el medio (contesto yo).
- Bien, ahora podemos hablar, estamos de igual a igual (dice Juan estrechándome la mano).
Intentamos el diálogo. Juan habla de su mujer; de su trabajo; de que lo han jodido; vuelve hablar de su mujer. Le pregunto donde está y me dice que ella lo trajo; sugiero que veamos de hablar los tres juntos y la hago pasar al pequeño consultorio.
La mujer habla, dice que Juan está mal, que dice cosas que no se entienden, que está agresivo. Ella tiene que trabajar y le da miedo dejar a los hijos chicos con Juan. Pide que lo internen. Juan intenta explicar lo que pasa.
La puerta del pequeño consultorio se abre bruscamente y dos policías-bomberos vienen a cumplir su "función", "contener" al paciente excitado. Les pido que se retiren y no vuelvan a entrar si no los llamo. Intento retomar el diálogo pero Juan a vuelto a excitarse. La irrupción de los bomberos rompió el clima que habíamos construido.
Intentamos los mismos pasos. Respiración profunda, un ámbito aparentemente protegido, pero los tres sabemos que ya no es igual y Juan se calma un poco paro no es como antes.
Nuevamente abren la puerta y entra un médico con un enfermero y una jeringa cargada. Se lo medica y lo internarán. El médico a cargo de la guardia me pide que acompañe a Juan hasta la sala donde será internado. Para ello hay que recorrer un largo pasillo de 40 a 50 metros.
Un enfermero va adelante abriendo con un “llavín” puertas que no tienen picaporte. Lo sigue el médico más joven y detrás vamos Juan y yo.
A los pocos metros de recorrido siento taconear detrás nuestro, giro y veo que vamos siendo "custodiados" por dos bomberos. Me detengo, Juan se detiene conmigo. Dirigiéndome a los guardias les indico que vuelvan hacia atrás, que su "custodia" no es necesaria. Cuando veo que regresan renaudamos el camino. Al llegar al final del pasillo vemos la sala con la puerta abierta y la cama que va a ocupar Juan. El joven médico, preocupado al no ver a los "custodios" pregunta alarmado por su ausencia diciendo que el paciente es "peligroso", que puede matar a alguien. Al explicarle mi intervención con los guardias se espanta y sale corriendo. Regresa con su jefe y por supuesto con los bomberos. Juan está sentado en su cama. Se ha quitado los zapatos, las medias y los pantalones. Está protestando. El médico a cargo me agradece la colaboración prestada, me pide los deje actuar "como es habitual".
Podría haber discutido y logrado que dejen a Juan tranquilo unos minutos, quizás unas horas más; pero sabía que en el correr del día, Juan volvería a ser atendido "como es habitual".
Cuando me retiro, Juan queda en su cama "custodiado" por dos expertos.
Este no es un trabajo teórico-clínico, tampoco es una reflexión epistemológica ni un análisis crítico de las Instituciones. Con este relato anecdótico de un hecho, solo pretendo rescatar una propuesta formulada por un paciente. La propuesta que hace Juan cuando dice: "antes de hablar vamos a "ECUALIZARNOS”.
¿Vos donde te ponés?
[1] Los policías-bomberos son un "Servicio” contratado como guardias para "regular” la circulación de los pacientes y son utilizados para dar “CONTENCIÓN” a los mismos.

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