"Solo nosotros debemos luchar por comprender como la cultura controla lo que sucede dentro de nuestras cabezas".
Marvin Harris (Introducción a la Antropología General.)


“Según parece, nadie más eficaz que otra persona tanto para insuflar vida a un mundo propio como para marchitar con una mirada o un gesto, una observación... la realidad que nos rodea”

Erving Goffman


“Nacimos en un mundo en el que nos aguarda la alineación. Somos hombres en potencia, pero nos hallamos en estado de alineación y este estado no es simplemente natural. Para que la alineación sea nuestro destino actual, se requiere una violencia atroz, perpetrada por seres humanos contra seres humanos”

Ronald Laing


La experiencia psicoterapéutica comienza en un despacho donde aparentemente hay sólo dos personas pero en realidad está muy poblado, los acompañan todos los personajes significativos de la historia del paciente. La experiencia psicoterapéutica llega a su fin cuando en el despacho hay sólo dos personas.

Alejandro Rodríguez Vilardebó

sábado, 7 de junio de 2008

La razón única

Cuando yo nací, el castellano ya estaba allí. También estaban mis padres, estaba también una abuela, el Río de la Plata, Montevideo,... también estaba el Hospicio y muchas otras cosas más. De esas cosas que estaban y seguirán estando, algunas han cambiado en forma radical. Pero son las que no afectan lo esencial.

Supongo que como todos, fui incorporando lo que ya estaba, igual a como se incorpora el lenguaje (¿o debo decir “igual a como cada uno es incorporado al lenguaje?”), o sea poco a poco, sin darme demasiada cuenta de lo que iba sucediendo.

En mi caso particular, algunas de “las cosas que ya estaban allí” me llamaron la atención -como el Hospicio- pero debo reconocer que no fue más que por una cuestión de coincidencias y de nombres. Y me interesé por saber, aunque en un principio solo supe lo que querían que supiera, para saber algo más cercano a la verdad tuvieron que pasar unos cuantos años y unas cuantas cosas.

Voy a hacer una pequeña disgresión, hubo un psiquiatra nacido en una colonia europea más precisamente una colonia francesa en América, de piel negra él, que por circunstancias de su tiempo luchó por la liberación de Francia durante la ocupación nazi y luego se quedó en Paris becado para estudiar medicina y psiquiatría. Fue recién entonces que descubrió “poco a poco” que se habían incorporado en él la ideología del colonizador, el racismo, la xenofobia, la singular asociación de “la negritud” con el mal;... y también el inconsciente deseo de -al estilo Michael Jackson- ser blanco “y -en su caso- además Francés”; también descubrió que en él todo esto había tenido un vehículo: la lengua del colonizador.

Tal parece que tuvo que estar metido en el ojo del huracán para vivir en carne y en mente propia lo que esto significaba. Cuando “las cosas” están allí desde antes de que uno nace, ¿tiene que suceder algo especial en uno o en el entorno para poder darse cuenta?. Hubo un largo tiempo en que a mí me resultaba difícil decir o pensar que todos tenemos la posibilidad de cuestionar la cultura en que vivimos, de ser críticos. Luego entendí que esa era una manera de excusar a quienes estando cerca de mí no lo habían hecho. ¿Cuánto tarda uno en incorporar o ser incorporado por una lengua?, ¿cinco, diez, quince años?. ¿Cuánto tardamos en liberarnos de todo lo que esa lengua trae acoplado?,... yo todavía sigo intentándolo, y descubriendo cajas de Pandora dentro de mí.

Por ejemplo, la formación médica tiene clase, no sólo porque socialmente el médico tiene “Clase”, sino porque según el origen y las condiciones de cada cual, se podrá acceder a determinados lugares: cursos; seminarios; escuelas; asociaciones; “masters”;... y todo eso “tiene clases”. En este sentido, debo reconocer que afortunadamente no tuve la presión de pertenecer a ese sector social que, si bien otorga grandes beneficios y claves de acceso a muchas de esas cosas, exige un precio tan alto que suele incluir la renuncia a ser o pensar por uno mismo. Quienes proviniendo de clases altas han logrado esa liberación tienen un doble mérito, por eso son figuras especialmente queribles. En ellos “todo lo que estaba antes de que nacieran” también se incorpora poco a poco, sutilmente,... quizás para que no nos demos cuenta. Si se hicieran de otra manera más brusca, no sería lo mismo. Digamos por ejemplo, si se quisiera instalar abierta y públicamente un “Auschwitz” de sopetón, en un Barrio de Buenos Aires o de Barcelona (por decir dos lugares),... seguramente muchos nos horrorizaríamos y saltaríamos como cafres protestando y haciendo cosas para que tal horror no se instale. Pero ¿qué nos pasaría si un Auschwitz así ya hubiera existido abierta y públicamente en Buenos Aires o en Barcelona desde mucho antes de que todos naciéramos?, ¿yo reaccionaría igual?, ¿sería capaz de ver en ello un horror?, o simplemente ¿sería capaz de verlo?, o por el contrario ¿lo habría ido incorporando poco a poco,... con el lenguaje o como parte del paisaje?

Son tantas las preguntas que me hago. Me pregunto por ejemplo ¿cuánta distancia en metros o en kilómetros tiene que haber entre un horror y mi propia persona para que me afecte?. Porque desgraciadamente y mal que me pese, aunque no es en la esquina de mi casa, Auschwitzs hay, u horrores hay. ¿qué es la Base de Guantánamo sino un horror?. Un horror que desgraciada o afortunadamente no está en la esquina de nuestra casa, y posiblemente sólo por esa razón no lo tenemos incorporado como parte del paisaje cotidiano.

Hace poco paseaba por un país latinoamericano y de pronto por confundir un camino comarcal me topé con lo que era un plan de erradicación de asentamientos de miseria. Lo que vi me impresionó, eran barracones al estilo de los campos de prisioneros que todos hemos visto en películas de la segunda guerra mundial. El horror era que también habían copiado la cerca alambrada con espinos, el barrio tenía un solo portón de entrada vigilado por policías.

El problema es que hay pequeños Auschwitz (quizás no debería usar este nombre tan fuerte),... hay esperpentos de cada día que están entre nosotros desde siempre y quizás... hemos ido incorporando poco a poco como parte del paisaje cotidiano.

Jorge tiene 42 años, desde los 16 años (¡¡...!!) está encerrado en un Psiquiátrico. Los últimos cuatro años los ha pasado encerrado en una habitación sin compartir nada de lo cotidiano con otros internos. El motivo de su aislamiento inicialmente fue una agresión. Una tarde de hace cuatro años atrás estaban varios internos en un salón viendo TV y por vaya a saber que discrepancias, Jorge y otro como él, se enredaron en una discusión que terminó con una silla partida en la cabeza del otro. El que tenía la silla en su mano era Jorge, quien fue inmediatamente separado del resto y posiblemente “ese día” para evitar otros enfrentamientos quedó en su habitación. Pero quedó allí una semana, un mes, un año,... ¡cuatro años!.

En una de las plantas del Psiquiátrico hay cerca de 30 pacientes. Las condiciones de infraestructura son aceptables, podríamos decir que son buenas, tienen habitaciones individuales o de a dos en dos. Entre esos 30 hay seis que no salen de la habitaciones, cinco de ellos están “contenidos” físicamente -esto no es más que un eufemismo para no decir que están estaqueados- , algunos de ellos llevan así más de una semana a pesar de que hay protocolos para la “contención” que establecen que deberá usarse solo en casos excepcionales y cuando no haya más “remedio”, por el menor tiempo posible y para evitar males mayores, luego de haber utilizado la palabra y la “contención farmacológica”.

En una asamblea -que de paso sea dicho como a tantas otras cosas que se despojan de contenido, a esas “reuniones”, de asamblea sólo le quedaba el nombre- al comenzar a ser nuevamente asambleas, surge con enorme energía el tema del sexo (¿podía haber salido de otra manera?). En las prisiones, los reclusos tienen autorizadas visitas íntimas y suele haber para ello habitaciones especiales donde, de mes en mes, pueden estar bis a bis con su pareja. Los enfermos psiquiátricos que han estado en penitenciarías (vaya nombre infantilizador), saben y hacen saber que esas cosas existen y que ellos están privados de ellas (en los dos sentidos y en las dos direcciones de esta frase). En la asamblea, el derecho a la sexualidad primero es una tímida pregunta, luego un pedido de algunos, más tarde una queja generalizada. Están allí por cualquier cosa menos por tontos. La sexualidad clandestina, rápida, sin alternativas de elección no satisface prácticamente a ninguno. No pasará de ser una asamblea-recuerdo en la que se habló de algo que nunca se hablaba. Nunca tendrán bis a bis en el psiquiátrico.

Las “actividades de la vida diaria” en la que se pretende “instruir” a los internos poco tiene que ver con las actividades de la vida diaria de los que están afuera. Si llegaran a aprender esas cosas, no tendrían nada que ver con “la vida diaria de extramuros”. Aunque el mundo esté muy desquiciado (tranquilos: lo estaba antes de que nosotros llegáramos), afuera tenemos al menos la ilusión de ser dueños de nuestro tiempo y de nuestro espacio. Dentro del Hospicio todo está cronometrado: levantarse; asearse; fumar (en un espacio prefijado); desayunar; “asamblea” -si la hay-, laborterapia; etcétera... casi no hay tiempo ni espacio en que ninguno pueda decir ni decidir nada por sí ni para sí y si lo dijese... no sería escuchado.

Todo esto y evidentemente mucho más no dice nada nuevo, ¿por qué lo traigo?,... ¿para qué?

En los Psiquiátricos como en cualquier otra institución no solo concurre gente o hay gente ingresada, también hay -y es imprescindible para su funcionamiento- personal que lo hace funcionar. Es como cuando vemos una máquina funcionando (no reitero esta palabra por accidente), en algún momento tenemos que preguntarnos: ¿y esto cómo funciona,... y con qué funciona?. Pues un Hospicio funciona además de con dinero, con personal médico y con personal no médico.

Uno como médico puede plantearse un trato respetuoso, una intención que tenga que ver con la posible cura, el desempeño de su tarea de la mejor manera posible y (de nuevo: “muchas cosas más”), lo que no puede hacer es plantearse todo eso desconociendo la ideología de la Institución; uno, como médico, no puede permitirse el lujo de ser utilizado por la institución para dejar -en los internos o en las visitas- la falsa imagen de que “todo depende de las personas que te toquen”. Eso no es más que una falsedad porque cuando se intenta trabajar para la posible cura, generalmente hay que hacerlo con la oposición de la institución. El problema no es que si un interno tiene mala suerte “le toca” un mal profesional, lo que tenemos que preguntarnos es si el asunto no es que la institución es ideológicamente mala para la posible cura de los internados, y no solo tenemos que hacernos esa pregunta los que estamos dentro de los hospitales, tenemos que preguntarnos si el hecho de que el Hospicio estuviera “allí” antes de que yo naciera es razón suficiente (parece que “razón única”) para seguir existiendo y funcionar de la manera en que funciona.

Jorge no le partió una silla en la cabeza a un compañero porque no fuera un ser humano razonable, ese es el argumento del dominador, el argumento del opresor, el argumento del maltratador,... “esa gente no tiene cura”. Jorge le partió una silla en la cabeza a un compañero porque ya no soportaba más la violencia de que era objeto, y cuando no se aguanta más, la respuesta sale por cualquier lado -más fácilmente por aquel lado al que “otro la dirige”-.

Se me ocurre relacionar esto con dos fragmentos breves.

(1) de “Piel negra máscaras blancas” (escrito en 1952 el autor tenía 27 años, era Franz Fanón, el psiquiatra nacido en una colonia francesa de quien hablaba antes): “Mientras el colono o el policía tienen derecho, a cualquier hora del día, a golpear al nativo, insultarlo y hacerlo arrastrarse ante ellos, Ud. verá al nativo sacar su puñal en respuesta a la más ligera mirada hostil o agresiva que le dirija otro nativo; pues el último recurso del nativo es defender su personalidad frente a su hermano.. Así, la autodestrucción colectiva en una forma muy concreta es uno de los medios por los cuales se libera la tensión muscular del nativo. Todos estos patrones de conducta son una reacción reflexiva de muerte ante el peligro, un comportamiento suicida que demuestra al colono (cuya existencia y dominio se justifican aún más a raíz de los mismos) que estos hombres no son seres humanos razonables.”

(2) de una Asistente Social de EEUU: “Como trabajadora social en una escuela pública “Yo dedico mucho tiempo a prevenir que los conflictos verbales se conviertan en peleas, discutir la situación con los jóvenes después de una pelea, y escuchar a los jóvenes mientras se explayan y se desahogan conmigo al contarme acerca de sus peleas del fin de semana. En discusiones con colegas progresistas, hemos notado la relevancia de las ideas de Fanón con respecto a la situación de los estudiantes. Últimamente, les he empezado a preguntar, suponiendo que tengo una relación de suficiente confianza con el estudiante, "¿Por qué estás tan dispuesto (o dispuesta) a pelearte con tu hermano o hermana negro/a? ¿Podría ser porque no sabes cómo desafiar la estructura de poder racista que tiene a ambos sujetados, haciendo que se desquiten uno con otro? ¿Y que realmente creas en la mierda que dicen los racistas blancos acerca de Uds., que sus vidas no valen nada?" A veces esto rompe el ciclo de la auto-justificación — “Yo no quería pelearme, pero él me seguía mirando feo, así que tuve que hacer algo” — y los lleva a analizar su propio comportamiento. El concepto de la autodestrucción colectiva puede ayudarnos a comprender y combatir una variedad de prácticas dentro de una comunidad oprimida que son destructoras para la comunidad en su totalidad, al igual que para el individuo, tales como uso de drogas, venta de drogas, y peleas”.

Los dos párrafos tienen que ver con los enfrentamientos entre sometidos (nativos colonizados o niños negros en la América blanca) lo mismo que en los ejemplos de Hospitales, la violencia, el enfrentamiento de Jorge con el otro interno (casualmente “la silla en la cabeza”). En los dos fragmentos aparece ese tipo de enfrentamientos como un logro manipulativo que entre otras “ventajas” evita que los sometidos se enfrenten al sometedor (al enfrentarse entre ellos); esto en el primero aparece como un tiro por elevación o por medio de la irónica interpretación de la mente colonizadora.

Cada profesión, cada ocupación, cada lugar en la sociedad tiene un perfil pre-establecido, es como se “supone” que debe ser. Así se espera (se exige) que sea un abogado, un panadero, un policía, un administrativo,... asá se exige que sea un médico. Todo esto aunque no se explicite se transmite y es necesario para que las cosas y el mundo funcionen como funcionan. Con esto tiene que ver “el modelo médico”. Desde un lugar crítico, lo deseable es que cada uno tenga consciente qué es lo que se espera de él y también saber que es una imposición para que “las cosas funcionen”, luego sí así lo quiere, lo convalide o si quiere desde un pensamiento crítico,... haga otra cosa. Si un médico no tiene claro cual es el modelo médico lo llevará a los actos sin darse cuenta, lo estará convalidando sin ninguna reflexión pero con toda la responsabilidad (aunque sea por omisión). Por curiosidad he preguntado tanto a residentes como a médicos con años de profesión ¿cómo crees que es el modelo médico en nuestra sociedad?,... sin comentarios acerca de las respuestas, imaginen las que quieran o hagan la prueba.

Todos cometemos errores, algunos sienten sus errores como una lacra, como un peso que cargan a sus espaldas. Eso es parte de lo transmitido por la cultura culpabilizante en la que vivimos. Al mencionar la palabra “culpa” no pude evitar recordar a los Tupí Guaraníes del Sur de Brasil. Ellos creen que hay una tierra sin pecados ni culpas y la buscan incesantemente, así cambian sus asentamientos con mucha frecuencia, son nómadas que buscan vivir sin culpas, quiero imaginar que probablemente en cada mudanza dejen atrás la idea de “un” pecado y que al final conseguirán encontrar la vida que desean.

Quizás podríamos aprender de la vida salvaje. Dicen que el guepardo es el animal más veloz corriendo, dicen también que en sus correrías de caza logra alcanzar los 120 kilómetros por hora. Pero también he escuchado que tiene poca resistencia y si el animal que intenta cazar para alimentarse hace las adecuadas y afortunadas curvas y esquives en su huida, el guepardo fracasa, se cansa y abandona. Consecuencia: el guepardo fracasa, falla, se equivoca o comete errores 19 de cada 20 veces que intenta cazar. Luego de cada fracaso o error, no se pone a llorar con un miembro delantero (brazo) apoyado en una piedra y el rostro escondido de vergüenza, simplemente busca donde recuperar el aliento mientras con aguda mirada va eligiendo su próximo objetivo. Podríamos pensar que “él” tiene la suerte de no haber crecido en una cultura del éxito sino en la salvaje cultura de: “el fracaso es lo más posible” y gracias a eso su vida es menos atormentada (al menos psíquicamente).

Más que los errores creo que una lacra son las renuncias. Pero antes y mucho más importantes que las renuncias personales son las renuncias del grupo, de la tribu, de la sociedad. La peor de todas es la renuncia de cuidar de sí misma, o cuidar a sus integrantes. Si en un grupo chico en una tribu chica, se renunciara a cuidar al grupo o a uno del grupo, creo que todos lo sabrían, se haría evidente y denunciante per se. En la tribu todos saben que dependen unos de los otros, que se necesitan, saben que dejarían de Ser sin los otros. Hemos crecido tanto como tribu que esa renuncia ni siquiera la vemos y no sólo pasa eso, sino que además de haber renunciado como grupo a cuidar de los miembros de la tribu,... desde donde se debería cuidar muchas veces se maltrata. Esta es la ideología de las instituciones y tal parece que si no media una reflexión, para ella se trabaja.

Lo de la silla en la cabeza me ha hecho pensar en los referentes que sin haber nombrado se han ido encadenando en mi mente para estas reflexiones: Foucault; Goffman; Fanón; Deleuzze;... hace poco me decían que este tipo de planteos hay que “sustentarlos” con aportes teóricos. No lo creo, tenemos que aprender a hablar con un lenguaje claro y llano... para todos y el principal sustento no va a estar dado por una extensa bibliografía, este tipo de reflexiones y de preguntas aunque queden sin respuestas hay que plantearlas y sustentarlas con el solo relato de los hechos y en todo caso y como mucho aporte de “sustentos”... con la explicación de que hasta en fisiología de la visión se conoce lo que sucede cuando se “satura” o se “agota” un receptor -como es la retina de nuestros ojos-,... lo que sucede es que dejamos de ver.

Para que podamos ver de manera continua tenemos que estar moviendo imperceptiblemente los ojos, ir cambiando los “receptores”, evitar que se saturen, se quemen, o se agoten. Como esas lagartijas que para andar o pararse en la ardiente arena del desierto van turnando en forma cruzada las patas en las que apoyan.

Si ciertas cosas “son como son” porque siempre han sido así, o las dejamos de ver o nunca las hemos visto porque formaban parte del paisaje ya que es cierto que “estaban antes que llegáramos”, habrá que abrirse a escuchar la voz de quienes tienen otra mirada, porque para ellos el paisaje que nos rodea es diferente y ellos pueden llegar a ver lo que nosotros ya no vemos.

Colofón:

Poesía del mes en una página crítica de internet

Telephone Booth Number 905

Woke up this morning
feeling excellent!
Picked up the telephone
dialed the number
Of my equal opportunity
employer to inform him
I will not be in
to work today!
Are you feeling sick?
the Boss asked me,
" No Sir I replied,
I am feeling too good
to report to work today!
If I feel sick tomorrow
I will come in early."

Alejandro Rodríguez Vilardebó

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