El entramado de las (mal) llamadas “Industrias y Empresas de la Salud” tiene una historia que durante el siglo XX parece haber viajado en un tren de alta velocidad que se ha ido dejando en el camino a principios que formaban parte del juramento médico tales como el deber (en el sentido de deuda) de dar a conocer y poner a disposición de los otros todo tipo de conocimientos y avances sobre diagnóstico y tratamiento.
Hablar de “mercados cautivos” en el terrenos de la Salud, requiere no solamente hablar de la propiedad intelectual de los fármacos, sino también del tipo de fármacos que se producen y el tipo de investigaciones que “se permiten”, así como de las investigaciones y descubrimientos que se obstaculizan o escamotean.
La fabricación de fármacos que esclavizan (produciendo más pacientes drogodependientes que enfermedades con cura) es parecida a la historia (sea cierta o no) de la producción de combustibles a partir del carbón que según se cuenta se dejó de lado porque era “mejor negocio” y más lucrativo seguir con el comercio del petróleo.
La sola existencia de “propiedad intelectual” sobre las fórmulas de fármacos produce vergüenza ajena al mismo tiempo que produce indignación.
Los gobiernos y las grandes Instituciones no son ajenas a todo lo que sucede en el área de la Salud y los ciudadanos de a pie con conciencia de lo que pasa o sin ella, parece que nos encontramos en una especie de laberinto kafkiano. Mientras los gobiernos se especializan en montar decorados teatrales y escenografías para sustituir deberes irrenunciables para un “como si”; mientras grandes instituciones hacen su actuación en vivo como si se tratara de acciones con fidelidad a los principios declarados y no una simulación, ¿quién puede hoy día esperar soluciones serias por parte de las Naciones Unidas donde sólo cinco países tienen derecho de veto y toda la Institución parece ser más un Ministerio de unos pocos en detrimento de la mayoría? ¿quién puede esperar soluciones populares de la O.M.S. (Organización Mundial de la Salud) cuando no es nada más y nada menos que un organismo de la ONU?.
Hasta que no tomemos conciencia de que estamos viviendo en un mundo que se parece demasiado a un capítulo de la famosa novela de G. Orwell “1984”, seguiremos dando vueltas por un laberinto sin salida mientras veremos morir a nuestros familiares y amigos de enfermedades curables; pasar hambrunas a poblaciones enteras mientras en otros países se tiran alimentos a los vertederos y veremos también seguir enriqueciéndose a quienes no les alcanzarán cien vidas para gastar sus fortunas.
La decisión del gobierno de Indira Ghandi en los setenta parece mostrar un camino posible de salida del laberinto. Pero no podemos olvidar que en la misma década, el gobiernos de Salvador Allende sufrió un Golpe de Estado por nacionalizar la producción de fármacos y el cobre.
El mundo en que vivimos se ha ido complejizando al mismo tiempo en que en otros sentidos se ha simplificado la apropiación de las claves de su control.

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